Nunca confíes en lectores de un solo libro.
lunes, 14 de febrero de 2011
Tres testigos, un balcón y ellos dos.
La escena romántica que ese par de seres presentó aquella noche para tres espectadores, que se desviaron de cualquier detalle palpable en la noche; empezó cuando se deslizaron las puertas transparentes, de bordes blancos, para que ellos dos entraran al balcón. Sólo recibían una muy tenue luz amarillenta, además, por supuesto, de la de sus tres espectadores, la Luna, llena como sólo sabe hacerlo una vez por mes; y dos estrellas no muy brillantes que parecían sus guardaespaldas.
Él, muy caballeroso, como siempre fue, deslizó la silla para ella, para que aquel hermoso cuerpo de piel blanca tomara asiento. Acto seguido se tomó la molestia de abrir la botella de vino que hacía de centro de mesa junto a una vela y su respectivo candelabro; llenó las copas de ambos, y el olor de aquella añeja botella tenía un largo alcance, setenta o más años de antigüedad, no eran para menos. Con la ayuda de aquellas copas, sostuvieron una conversación como las que solían tener, pero tal vez la pequeña y redonda mesa de madera en la que estaban, le daba un matiz especial a la ocasión, además por supuesto de las copas, la vela y la luz tenue de la noche, la cual los hacía estar aún más atentos el uno del otro. Así, habían excusas suficientes para que ella detallara el cabello rizado de él; y él, los ojos marrones de ella, y cada que podía, ese perfil perfecto y bien detallado.
Los observadores seguían atónitos ante aquel evento, pero nada comparado con lo que sucedería más tarde. Sin embargo, la presencia de este trío no fue inerte, pues ella girando la mirada levemente se percató de la obra de arte que tenía a su derecha. Se levantó poseída por la poderosa luz del satélite y posó sus brazos sobre la baranda negra y fría que rodeaba al balcón, fría como la noche. No obstante, él no perdió el tiempo, se apartó del lugar por unos segundos, y acercándose al viejo radio de la casa, colocó un casete y dejó reproducir las primeras palabras de una bellísima composición, que decían así:
“Ella puede ser la cara que no consigo olvidar
Un rastro de placer o remordimiento
Pude ser mi tesoro o el precio que tengo que pagar.
Ella puede ser la canción que canta el verano
Puede ser el frío que trae el otoño…”
Esas palabras más la sensación de calor que dio la chaqueta de él, en la desnuda espalda de ella fueron suficiente para dejar de mirar la Luna y concentrarse en el abrazo de él que la arropaba; él deslizó sus manos hasta tomar las de ella y muy lentamente las tomó y soltó una de las manos para hacerla girar cual bailarina, y tomar su cintura, mientras ella sujetaba su espalda. De esta manera no había balcón, ni mesa, ni vino, ni luz, ni Luna, que los sacara de aquel maravilloso baile de fantasía en el que estaban.
Bailaron aquella pieza lenta y tiernamente, moviéndose con sumo cuidado por el pequeño espacio del balcón. Eran los ojos de ella en el rostro de él, y los ojos de él en el rostro de ella; cada paso a un lado y al otro les daba seguridad y los hacía sentirse prófugos de la realidad. La canción finalizaba y no se había escuchado otra cosa que no fuera la voz del artista. No hacía falta decir una palabra para describir lo que pasaba entre ellos en aquel momento. Y el evento de la noche comenzó, con la voz de fondo diciendo:
“… Ella puede ser la razón para sobrevivir
El por qué y el dónde por lo que estoy vivo,
A quien yo cuidaré a través de los muchos y ásperos años.
Yo tomaré sus risas y sus lágrimas,
Y con ellas haré todos mis recuerdos.
Por donde ella va yo tengo que estar
El significado de mi vida es ella, ella, ella…”
Él, al borde del balcón tomó su otra mano y con la misma sensación de cariño y amor la miró a los ojos y la abrazó fuertemente. Apartándose un poco se miraron de nuevo, ésta vez cortándose el aliento, y rozando sus narices llegaron a los labios. Las estrellas titilaron de emoción, era un beso intenso, pero sincero, un beso que envolvía todo lo ocurrido esa noche y las anteriores, pero lo más importante de éste, es que llevaba amor.
Con la Luna, la ciudad dormida, y las estrellas de testigos, pero más que de testigos, de fondo para el balcón; Él prometió protegerla y acompañarla desde esa noche, en las alegrías y tristezas de su vida. Ella, sin palabras, se limitó a corresponder a la promesa, aferrándose a su cuerpo como nunca lo hizo.
Esa noche la Luna y su par de estrellas fueron testigos del comienzo de un amor sincero y puro, que perseveró hasta que ambos se quedaron sin espacio en ésta tierra.
domingo, 13 de febrero de 2011
Tu canción - Elthon Jhon
Mi regalo es mi canción
Y esta es para ti
Y puedes decirles a todos
Que esta es tu canción
Quizás es muy simple
Pero ya que está hecha
Espero que no te importe
Yo espero que no te importe
Que yo ponga en palabras
Cuán maravillosa es la vida ahora que estás en el mundo.
Sentado en la azotea
Y pateé el musgo
Fluyen algunos de los versos fluyen
Me hicieron cruzarme un poco
Pero el sol ha sido bueno
Mientras escribía esta canción
Es para la gente como tu
Que lo mantienen encendido.
Así que perdóname por olvidar
Pero estas cosas que hago
Verás, he olvidado
Si son verdes o son azules
Como sea la cosa está bien, lo digo en serio
Los tuyos son los ojos más dulces que he visto.
Y puedes decirles a todos
Que esta es tu canción
Quizás es muy simple
Pero ya que está hecha
Yo espero que no te importe
Yo espero que no te importe que yo ponga en palabras.
Cuán maravillosa es la vida ahora que estás en el mundo
Espero que no te importe
Yo espero que no te importe que yo ponga en palabras
Cuán maravillosa es la vida ahora que estás en el mundo.
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