Nunca confíes en lectores de un solo libro.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La Intrusa de Londres

           La intrusa de Londres suele ser bastante conflictiva, se pasea por las calles de la capital en un ritmo bastante atravesado, tanto así, que irrumpe con sus caderas en la más que cronometrada vida de los caballeros londinenses. Cada que puede, sonríe y hace voltear hasta al anciano que lee periódico junto al Támesis, de hecho, cuando camina los hombres de los coches negros se ven obligados a voltear como se un pasajero los esperara.
         La intrusa de Londres entra y sacude los millones de documentos del Palacio de Westminster mientras los abogados los recogen para dárseos y que ella los vuelva a lanzar; a la salida, sube a 96 metros de altura, sólo para atrasar cinco minutos al Big Ben, y no llegar tarde al trabajo, lo que, dicho sea de paso, ya habla de alguien que no se parece a Londres, y mucho menos pertenece a la ciudad.
         La intrusa de Londres encanta, cautiva, hechiza, porque sale de la rutina, porque se suelta el cabello y camina con elegancia, estilo y presencia, porque hace frenar el ojo de Londres cuando se encuentra en lo más alto. Es con la intrusa de Londres que todos quieres ser sorprendidos en el Puente de La Torre, mientras el Támesis regala música de fondo en una nublada noche londinense.


jueves, 17 de mayo de 2012

Te entrego


Te entrego mis pies, 
para perseguirte hasta el fin del mundo,
 y mostrarte lugares aún mejores.
Te entrego mis manos, 
para acariciarte y escribirte versos.
Te entrego mis oídos, 
para saber cuáles son tus anhelos y caprichos.
Te entrego mis ojos, 
para contemplar tu hermosura: 
tu cintura, tu cabello, tu mirada, tu sonrisa.
Te entrego mi sonrisa, 
porque en buena medida depende de la tuya.
Te entrego mi mente, 
para que la ocupes pensando en ti 
aún mientras duermo.
Te entrego mi boca, 
para besarte y decirte cuánto te quiero.
Te entrego estas palabras, 
para que las inscribas en tu corazón.
Te entrego lo que soy, 
porque es lo menos que puedo darte.



martes, 31 de enero de 2012

Detrás del Horizonte

 Cuando el horizonte es incierto, no te preocupas,
simplemente te ocupas, te ocupas en detalles muy simples,
pero que a la larga son significativos.
Estás tranquilo a la deriva,
esperando una linda sorpresa detrás del horizonte visible.
Navegas sin rumbo, sin sentido, sin dirección,
pero navegas feliz, entendiendo que hay motivos para luchar,
y la mejor parte es que aún no los conoces.
Entonces comienzas a luchar por aquellas cosas que bien sabes,
vas a conocer en algún momento.

En ese instante es cuando dejas que el viento marque el rumbo,
y comienzas a trazar el mapa de una tierra que no existe,
que sólo tú conoces,
y como sólo tú la conoces, sólo tú puedes llegar a ella,
es aquello que quieres pero no sabes qué es,
lo buscas fervientemente aún cuando todavía no exista,
pero tienes la plena certeza de que en el momento preciso,
la brújula apuntará hacia el norte
y darás un giro a estribor que nadie espera,
pero el viento te apoyará
y tu navío viajará a una velocidad que poco marinos vieron.

Allí es cuando te pierdes en aquello
que estaba guardado para tí
pero no tenías la más remota idea de su existencia,
sin embargo, esa idea te ha dado fuerzas
y aún hoy día, te mantiene andando
sin saber por qué te sientes alentado.