Los últimos cinco años de nuestras vidas han pasado bastante rápido, tanto, que parece que la oleada emo que golpeó a San Cristóbal y a algunos de nuestros compañeros terminó ayer; pero a la vez, han pasado tantas cosas que ignoramos que el Centro Comercial Sambil apenas está a punto de cumplir cinco años de entrar en funcionamiento. Lo que sucede es, que en un espacio muy corto de tiempo hemos tenido la oportunidad de ser psicólogos de nosotros mismos, cirujanos de serpientes, artistas bohemios, científicos del gas, atletas no muy destacados, mochileros del Táchira, y un sinfín de títulos que no alcanzaríamos a nombrar en este instante. Asimismo, tuvimos que escuchar al peor de los cantantes, regalar almuerzos, dar hospedaje al que vivía lejos, pero gracias a ese amor de Dios que nos inculcaban de vez en cuando en un devocional o un campamento, aprendimos a tolerar al que se subía en los techos a media noche.
Hicimos todas estas cosas y peor aún, las soportamos, gracias al ambiente de compañerismo y caridad que rodeó ese cajón de color verde y blanco que nosotros llamábamos salón. Desde los pequeños detalles como el sacapuntas prestado, el regaño del profesor obstinado o el lápiz recogido del suelo; hasta los grandes hechos como subir hasta donde nos dejó el Chorro El Indio, se convierten en acontecimientos que vale la pena recordar con nostalgia, con un ligero cosquilleo, y ¿por qué no? con lágrimas en los ojos. Porque han sido tiempos de ilusiones, realidades, oportunidades, frustraciones y sueños esos que Shakespeare describe como: “creaciones de una mente ociosa, engendros de la loca fantasía”. Disfrutamos todos estos días porque no parábamos de soñar, de ingeniar algo nuevo para hacer, de meternos en problemas y escuchar a la Directora con el acuerdo de convivencia en la mano, pero todo era parte del proceso de corrección por el que teníamos que pasar para madurar y estar listos para seguir soñando y empezar a hacer realidad las cosas que se nos ocurrieran.
Con el título en la mano sólo nos queda seguir haciendo lo que ya sabemos hacer: SOÑAR. Imagínense haciendo cosas como: escalar en los Alpes suizos, una expedición por Brasil, un viaje a la Patagonia, perderse en los médanos de Coro, manejar un auto de fórmula uno, saltar desde un helicóptero, dar un discurso de cierre de campaña para elecciones presidenciales, y cualquier otra proeza extrema que los haga felices, tranquilos y realizados a corto, mediano y largo plazo.
No dejen que el tiempo decida con ustedes, por el contrario, decidan qué hacer a medida que pase el tiempo, persigan sus sueños como Odiseo buscó a Penélope. Cuando la gente se acerque a burlarse de lo que quieren hacer, de lo que quieren lograr, cuando lo subestimen, simplemente demuestren que no saben con quién se están metiendo. Demostremos que somos capaces de romper esquemas, pero siempre con delicadeza, con prudencia, con estilo, con su estilo, tengan siempre presente que a pesar de todo se están sintiendo bien, se sienten tranquilos con ustedes mismos. Arriésguense, y si fallan, pues de los errores queda el aprendizaje. No se sujeten siempre a las leyes de la física, porque estas son exactas, inventen sus propias leyes, estas estarán bien si toman en cuenta que el principio de la sabiduría es el temor a Dios, y que Dios nos ama y por eso tenemos que rendirle cuentas.
En conclusión, recuerden, pero con nostalgia, los cinco años que pasaron en el edificio blanco; improvisen, porque cuando lo hacemos surge lo que somos; Sueñen, para tener motivos por qué luchar; Arriesguen, siempre habrá tiempo para corregir lo que salga mal; Recuerden que Dios los ama y quiere lo mejor para sus hijos.
Muchachos, el futuro promete mucho, pero es nuestra responsabilidad vivir con tanta intensidad el presente, que quedemos enamorados del pasado.
A las autoridades y el público presente, Buenas Noches.
A mis compañeros les voy hablar en términos teatrales: “Mucha mierda”.