Esta será una nueva noche de esas sin sueño, porque no te tengo para abrazarte, y te extraño, sin sentirte lejos; porque en el frío que trae consigo la lluvia tú me arropas, me das tu calor; tu presencia en mis pensamientos hace que yo sea inmune a la brisa que me ataca y la soledad intentando mortificarme.
La seguridad de que cuento contigo, de que bien lo sé tú piensas en mí, del modo en que yo me acuerdo de ti, con el mismo afecto, con el mismo deseo, con el mismo cariño, porque recuerdo que te extraño y no es precisamente porque te hayas ido o te tenga lejos. Te extraño, porque si sólo tus pensamientos neutralizan el frío y me acompañan en la oscura y sombrienta sala. ¿Qué sería de mí, si te tengo a mi lado?
Sería una fiera indomable, libre en su espacio, con el más firme deseo de correr contigo y hacer lo que los dos nos propongamos. Saltar un puente, remar en altamar, o cualquier otra locura extrema que libere la adrenalina que hay entre nosotros, porque cuando las palabras se desatan entre los dos, es eso lo que hay, adrenalina.
Te extraño con adrenalina, y quiero seguirte extrañando a mi manera, para que cuando dejes de estar en mis pensamientos para estar con tu mano junto a la mía, viva otra larga noche de esas sin sueño en las que me desvelo sólo por lo feliz que soy de saber que a la lluvia la ignoro por tenerte acá en mis pensamientos, que a la sala sombría tu ser desde muy adentro de mí a la acompaña. Y la felicidad más grande la hallo en la adrenalina con que te espero, aguardando el desenlace extremo de la novela de nosotros.
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