Nunca confíes en lectores de un solo libro.

domingo, 16 de enero de 2011

Sus ojos se cerraron

Noche oscura, de frío aunque no hay lluvia;
Le doy un vistazo a la amarilla y tímida Luna,
Que brilla intensa buscando nube que la oculte,
Pues ella está afuera, y con su rostro opaca su hermosura.
Es su mirada maliciosa de ojos negros
Que persigue al astro impotente al verla,
Esa mirada con la que me quiero cruzar
Aunque sé que en el fondo me miente,
Me traiciona porque me pierdo ante su boca,
Cuyos labios quiero rozar con los míos.
Sin embargo, los siento lejos, los veo lejos,
Porque sería enredarme en juegos sombríos.
Aunque sé que sus ojos me persiguen con asedio,
No me atrevo a corresponderle con un contacto,
Tengo miedo de entregarle mi corazón con todo fervor
A una bella mujer que expirará sin pensarlo.
¡Cruel y maldita agonía!
Extendida por fuerzas mayores
Hay algo que la retiene en este mundo
Y supera a los doctores con sus conclusiones.
Es por esas fuerzas
Que sucede lo que ella ha anhelado,
Que sus ojos coincidan con los míos
Para darle descanso a sus párpados.
Ella solo estaba esperando ese contacto intangible
Para poder bajar la mirada.
Ahora sus ojos descansan en paz
Mientras comienza a suceder algo que no me esperaba.
La Luna ya no busca nube que la oculte
Y brilla con confianza, sin temores y orgullosa;
Finamente sus ojos se cerraron después de cruzarse conmigo,
Ahora yo tengo que buscarlos enterrados en una fosa.

viernes, 14 de enero de 2011

Caminar contigo bajo la lluvia

Caminar contigo bajo la lluvia
Disfrutando cada gota porque estás a mi lado.
Caminar contigo bajo la lluvia
Y oír caer un trueno sin sentirme espantado.
Dejar que tu mano me arrope,
Dándole calor a mi cuerpo
Pese al frío azote del viento
Que en momentos me hace sentir torpe.
Ver el resplandor sincero de tu sonrisa
Cual relámpago disparado frente a mis ojos,
Esa con la que me pierdo ante la brisa.
Caminar contigo bajo la lluvia,
Ningún ventarrón frenaría este momento,
Porque en lo profundo de tus labios
Mi ser recupera el aliento.

¡No cantes más musa!

¡Canta, oh musa!, ¡Canta, oh diosa!, pues eres tú la compositora de esta triste y agónica melodía, culpable de la odisea de un sentimiento que se pone en duda, pues en ocasiones vuela a grandes alturas; pero son otras más miserables en las que alcanza el fondo de los mares. Tal vez sea por esta odisea, que los teucros renuncian a la protección de los muros, esos que protegían al sentimiento, porque el canto de la musa dejó de tener ese sentido sincero y angelical, con el que endulzaba los días calurosos, dándoles un brillo utópico que se hacía real.
Su canto dejó de ser arte. Y se convirtió en un chillido estruendoso y agudo; ya no existía melodía armónica, ahora, había gritos de soldados que caían en medio de la guerra alejados de la protección de sus muros. La musa ya no contaba para protección de la bien murada Ilión, cantaba para construir el caballo de Troya. Los soldados seguían cayendo, unos como resultado de una espada bien incrustada, otros por una flecha bien lanzada, y también por supuesto, los que agonizaban en manos de los médicos que trataban de hacer milagros con aquellos cuerpos.
Pero el canto seguía presente en el oído de cada guerrero, para un lado era inspiración pura, pero para el otro era desconcertante oír un ruido que no indicaba nada. Y los soldados le suplicaban desesperados diciendo: -¿Por qué cantaste musa? ¿Por qué tuvo que ser una pieza tan hermosa? Elaborada con más cuidado y detalle que cualquier estatua dedicada a Zeus. ¿Por qué ese canto musa? Por qué ese canto tan marcado, tan profundo y penetrante.- Un canto tan maravilloso que el guerrero se ha limitado a gritar: “¡No sigas!, ¡No cantes más musa!”. Porque cada vez que regresa cuando nadie la está esperando, reaviva la herida reciente y alarma el chillido agudo y horroroso que esparce la duda y el dolor al hombre agonizando.
No cantes musa, si no quieres defender el muro.
No cantes más musa, si no quieres matar a los invasores.
No cantes más musa, si vas a construir el caballo.
No cantes más y deja morir el muro por completo, tu canto es el que tiene la última palabra y ya sentenciaste a los teucros, así que hazle un favor al que alguna vez fue tu pueblo y no cantes más, porque lo único que están esperando es: morir, sabiendo que dieron todo, mientras tú estuviste a su lado.

miércoles, 12 de enero de 2011

Ojos Negros

¿Mirar o desear? ¿Por qué no mejor esperar? Anhelar ese cruce de deseos, de sentimientos y emociones revueltos en miradas que se envuelven entre sí, como la serpiente en el tronco elegido y se complementa con él a placer, donde se conjugan en una amalgama de pensamientos e ideas que alguna vez fueron una sola, y se han abierto horizonte por sí mismas para generar palabras nuevas, versos nuevos; pero hacerlo, es redundar en esa mirada, en ese color, en el negro de los ojos que observan.
Negros, negros como la boca de un lobo que abierta genera incertidumbre, misterio, miedo e intriga; negros como la piel de la pantera mística y sigilosa. Negros, porque negro es el reflejo de la oscuridad que ha poblado una mirada, o lo que ella entrega al ser observada, porque a su alrededor va diciendo lo que va dictando, pero que nada es entendido, nada es copiado, se hace caso omiso al asunto.
Negros, porque el negro no dice nada, no aclara nada, porque perderse en la mirada de esos ojos negros implica ser incapaz de abrirse camino, porque imposible es darle brillo a esa mirada, la cual está esperando ser algún día aclarada, para salir de la oscuridad fría y amarga en la que se encuentra, para volver a derrochar alegría y placer a quien los observaba; deseando ese cruce, que cuando aparecía no daba más que un reflejo que penetraba más que los rayos del Sol, que atravesaba hasta el más fuerte diamante y le entregaba el mejor brillo a esos ojos que buscaban sin cesar una mirada, la correspondencia de esa mirada, pero sobre todo que llevara consigo una muestra del deseo y fervor con que se estaba esperando.
Por qué no dejas aclarar lo oscuro en la mirada de esos ojos negros, que cuando dan luz ofrecen una figura suprema. Permíteme mirar más allá de esa oscuridad, mirar lo que va tras ese negro telón. Déjame empujar la claridad que salió a escena y se ocultó para no aparecer más en el escenario; para que un aficionado interesado vea la propuesta que tiene esta obra de arte. ¡Sal de la oscuridad que te cubre relámpago negro!, que rápidamente se ve y dichosos son los que logran hacerlo, pues tal ha sido mi dicha que me desvelo por recrear ese hecho.