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miércoles, 12 de enero de 2011

Ojos Negros

¿Mirar o desear? ¿Por qué no mejor esperar? Anhelar ese cruce de deseos, de sentimientos y emociones revueltos en miradas que se envuelven entre sí, como la serpiente en el tronco elegido y se complementa con él a placer, donde se conjugan en una amalgama de pensamientos e ideas que alguna vez fueron una sola, y se han abierto horizonte por sí mismas para generar palabras nuevas, versos nuevos; pero hacerlo, es redundar en esa mirada, en ese color, en el negro de los ojos que observan.
Negros, negros como la boca de un lobo que abierta genera incertidumbre, misterio, miedo e intriga; negros como la piel de la pantera mística y sigilosa. Negros, porque negro es el reflejo de la oscuridad que ha poblado una mirada, o lo que ella entrega al ser observada, porque a su alrededor va diciendo lo que va dictando, pero que nada es entendido, nada es copiado, se hace caso omiso al asunto.
Negros, porque el negro no dice nada, no aclara nada, porque perderse en la mirada de esos ojos negros implica ser incapaz de abrirse camino, porque imposible es darle brillo a esa mirada, la cual está esperando ser algún día aclarada, para salir de la oscuridad fría y amarga en la que se encuentra, para volver a derrochar alegría y placer a quien los observaba; deseando ese cruce, que cuando aparecía no daba más que un reflejo que penetraba más que los rayos del Sol, que atravesaba hasta el más fuerte diamante y le entregaba el mejor brillo a esos ojos que buscaban sin cesar una mirada, la correspondencia de esa mirada, pero sobre todo que llevara consigo una muestra del deseo y fervor con que se estaba esperando.
Por qué no dejas aclarar lo oscuro en la mirada de esos ojos negros, que cuando dan luz ofrecen una figura suprema. Permíteme mirar más allá de esa oscuridad, mirar lo que va tras ese negro telón. Déjame empujar la claridad que salió a escena y se ocultó para no aparecer más en el escenario; para que un aficionado interesado vea la propuesta que tiene esta obra de arte. ¡Sal de la oscuridad que te cubre relámpago negro!, que rápidamente se ve y dichosos son los que logran hacerlo, pues tal ha sido mi dicha que me desvelo por recrear ese hecho.

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