Nunca confíes en lectores de un solo libro.

lunes, 5 de junio de 2017

Una perfecta simpleza al alcance de las manos

Sencillamente tomaba su mano,
doce centímetros de largo,
aproximadamente,
aunque, claro está,
nunca he sido bueno estimando.

Un lunar fácil de distinguir,
¿el lugar?
milímetros por debajo,
y a la derecha: "la menos hábil",
aunque, claro está,
es sólo una manera de decirlo;
y es que todavía no recuerdo,
la primera obra sobre la tierra
que pueda dar testimonio,
en contra de tales manos.

Es que todo lo transforman en arte,
porque el color es su aliado,
porque transmiten vida,
porque las tomas y quieres aventura.

Y eso provocan esas manos,
yo sólo las tomaba,
y al instante, en un parpadeo,
empezábamos a rodar, juntos,
con ganas de luchar, de crecer,
de explorar, de enamorar,
de enamorarnos.

De la mano,
sería mentiroso al negarlo,
pues el miedo no desaparecía,
pero sí, la soledad,
podíamos sentir una presencia,
el uno del otro,
y me atrevo a decir,
que más que sus labios,
sus manos me guiaban a luchar por ella.

Porque al tocar sus manos,
el frío se acaba,
el miedo se disipa,
desconozco mis límites,
y voy detrás del horizonte
donde las palabras no cesan
la inspiración regresa.

Al tocar sus manos,
las nubes dibujan su rostro,
la brisa susurra su voz,
mientras un deseo invade mi mente:
llevarla detrás del horizonte
donde las palabras no cesan,
donde la inspiración siempre regresa.

Donde sus manos hacen arte,
donde sus manos dibujan
y sus caricias derrochan ternura,
donde con sus manos pone el color
donde los sueños viajan,
y viajan más allá de la Luna.

Mientras, ella sigue mirándolas
como siempre,
como parte de lo ordinario,
donde la mayor eventualidad
no es más que un lunar en la muñeca,
distendida, porque se hace la desentendida,
porque aunque lo sabe, y lo niegue,
para mí es ella la muñeca,
y por muy aferrada que viva
a la idea sencilla
de unos dedos cortitos y torcidos,
en unas manos simples, y del común, 
yo solo vivo rogando por su mano,
para volver a ir detrás del horizonte,
donde las palabras no cesan,
y la inspiración siempre regresa,
sobre todo, si se trata de la muñeca.

Nita!

jueves, 1 de junio de 2017

Es solo una formalidad

Tenía que pedirle perdón...
Perdón, por dormirme tantas veces,
perdón por no enamorarme a tiempo,
perdón por subestimar su encanto.

Tenía que pedirle perdón por mis caprichos,
que no soltaba para encapricharme 
con sus labios, con sus ojos;
por no caer en la terquedad
de dibujar sus sonrisas y sus sueños.

Tenía que pedirle perdón
por no enamorarla suficiente,
por no tener coraje y hombría,
por dejarla obrar según sus miedo.

Tenía que pedirle perdón...
por no abrazarla hasta arrebatarle todo,
sus miedos, sus complejos;
por huir en lugar de saltar los obstáculos,
por enfrentarlos a la distancia
y no a su lado.

Tenía que pedirle perdón,
por hacer caso omiso a lo que yo quería,
y escribir solamente.
Tenía que pedirle perdón 
por hacerle saber cuanto la quería,
por escribir,
por redactar, por hablar, 
por improvisar cada verso desde mi corazón.

Perdón por no saber perderla,
perdón por descubrir lo extraordinario de su ser,
por aferrarme a la felicidad 
de dejar pasar el tiempo junto a ella.