Así es como su historia te atrapa, pero de pronto, ese evento inesperado ocurre, algo muy real, se le atraviesa al soñador, él choca, y tú, que vienes como un acompañante en la historia te detienes con él, y es que su forma de vivir tan intensa, hace que vivas y hasta disfrutes la pausa, momentáneamente, claro está, lo miras caer, y reaccionar un poco perplejo, no es para menos si se trata de una situación tan poco usual. Tu personaje se sacude, manifiesta una pequeña molestia, y continúa, lo acompañas, pero notas que algo ha sucedido, él quiere seguir como si nada, pero de inmediato lo notas, ahora es conservador en sus saltos, acelera con prudencia, y se detiene a ver a su alrededor en ocasiones.
Algo ha pasado, y te interesas, no por curiosidad, sino porque anhelas volver a ver esa pasión, ese desenfreno que viste inicialmente, inclusive animas desde donde estás, alientas y procuras generar confianza, y en el momento en que parece haberla recuperado, una nueva caída aparece, esta vez el golpe no se puede disimular, y a pesar de las limitaciones para avanzar con fuerza, ese personaje ya no puede levantarse igual, a partir de ese momento, el cansancio, las molestias, y el dolor, se convierten en torpeza, ya no disfrutas, mirar su historia, la sufres junto a él, quieres intervenir, pero te das cuenta que no puedes. El momento lo ha absorbido.
Es en ese momento te das cuenta que el camino absorbió a aquel soñador, que el mal tiempo, y los tropezones, se quedaron con las ilusiones, se quedaron con la esperanza, y sólo tú, que viste como brillaban los ojos de tu personaje cuando los mencionaba, sabes cómo y donde hallarlos. No te quieres rendir, de hecho, no lo haces, permaneces, acompañas, como un lector fiel, que quiere hacer algo más, pero recuerda su condición, sin embargo, sabes que eres el único que recuerda cómo hace tu personaje para despegar, conoce sus deseos más genuinos, esos de niño sin límites, esos que no tienen limitaciones, esos que quieres volver a disfrutar.
Con el tiempo te cuesta pasar la página, porque temes un desenlace triste y lamentable, pues lo que hay en tu cabeza, por mucho que pasen los días, por mucho tiempo que pases sin leer, sin saber nada de tu personaje, es esa idea de querer soñar junto a él, de volver a vivir con esa pasión que hacía brillar sus ojos. Por eso mismo no la pasas, ruegas una oportunidad para despegar de nuevo, que con lo que unos llaman suerte, (aunque yo le pondría otro nombre un tanto más divino), y sobre todo creatividad, de seguro la tendrás.
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